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Los Tercios de Flandes reviven en La Alcarria
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Texto y fotos: Augusto González (Ideas para Viajar / La Crónic@)  -    Actualizado 24 enero 2018 20:10


Mazuecos está lejos de Madrid, pero tampoco demasiado: 80 kilómetros mal contados y poco más de una hora, yendo tranquilos y dejando pasar la vista por las vegas y vallejos que nos van acercando hasta nuestro destino. A una distancia similar se encuentra la capital de la provincia. Mazuecos, cuando llega enero, todos los años, se queda a mucha más distancia, en el tiempo, casi cinco siglos atrás, repitiendo con promesas nuevas la que empezó en Lepanto, siguió por tierras de Flandes en los atavíos y que nadie sabe si alguna vez terminará.

En este 2018, el día grande cayó en miércoles, con lo cual el trabajo o los estudios retuvieron a muchos fuera del pueblo. Pero la tradición se ha mantenido, una vez más: recogida de la Soldadesca, pasacalles con la banda de música y botarga, Santa Misa en honor a la Patrona y la procesión alrededor del templo, con vueltas y más vueltas. Todo sin prisas y con mucha historia detrás.

Esta tradición fue distinguida desde los años ochenta del pasado siglo como fiesta de Interés Turístico Provincial y quienes tienen la perspicacia de acercarse y disfrutarla no salen defraudados. Este año, para más lucimiento, se estrenaba bandera, traje de abanderado y de la capitana.

¿Qué se celebra con esta fiesta?
Con la Soldadesca se recuerda a un mozo de Mazuecos que participó en la batalla de Lepanto. Dicen que allí perdió un brazo al usarlo para tapar una vía de agua causada por un proyectil enemigo. O quizá no lo perdió, pese a quedar gangrenado y condenado a la amputación inexorable... que no habría ocurrido gracias a un milagro de la Virgen de la Paz (¡qué hermosa advocación para tal circunstancia!), a la que imploró el soldado, mientras mantenía a flote con tan incómodo y persistente gesto la embarcación, en pleno zafarrancho, en el golfo de Patras. Por allí andaba Cervantes, también con su brazo echado a perder para mayor gloria del emperador y de la Cristiandad.

Sea como fuere, grande debió ser el acontecimiento y su resolución para que desde 1571 el recuerdo siga tan vivo en medio de La Alcarria.

Andando los años, el agradecimiento se hizo fiesta y se adobó con cosas propias y ajenas. Así, se incorporó la botarga, tan frecuente en La Alcarria como en la Serranía y en la Campiña desde el Neolítico para acá. Con sus chillones colores y una cachiporra menos amenazadora que en otros pueblos, en este 2018 estrenaba también mozo detrás de la careta

La Soldadesca, que es lo que nos ha llevado a vecinos y forasteros a echarnos a la calle, va ataviada con trajes de los tercios de Flandes, lo cual tampoco es ningún anacronismo, por más que aquellas tropas fueran más mercenarias que surtidas por levas en Castilla. En cualquier caso, ahí están, reluciendo en rojo y amarillo, con botas y sombrero de época, armados con alabardas. Está formada por un capitán (capitana en este caso), un alférez o abanderado, un sargento, dos cabos y cinco soldados. Cuando los hay. La despoblación tiene sus propias leyes incluso en los pueblos tirando a grandes, como este. Mientras hubo quintas, los quintos eran los que integraban la soldadesca. Desde que no las hay, son los hijos de los hijos del pueblo los que se animan a revestirse. Algún tiempo llegará en que sean los hijos de los hijos de los hijos del pueblo, según vayan siendo menos los que vivan aquí todo el año.

Las campanas de Mazuecos son especialmente atronadoras, como si quisieran hacerse oír en Madrid y en Guadalajara, por donde andan muchos de lo que aquí no están, con los suyos.

La misa abarrota el templo y también el exterior. Tras la celebración, se inicia la procesión de la imagen de la Virgen, serena y siempre radiante, con su Hijo. En su honor "dan a la bandera" los miembros de la Soldadesca y luego, todos los que lo quieran... y lo paguen. Hasta niños lo hacen, para aprender y seguir haciéndolo de mayores. Quien vea los vídeos que acompañan estas líneas comprenderán que no es tan fácil "dar a la bandera" con brío sostenido, como se espera de quien se atreve. Y por cada vez que la bandera ondea ante la Virgen, se da una nueva vuelta en procesión alrededor del templo. 

Es el propio alcalde de Mazuecos, Roberto García, quien recuerda que “ha sido el día 24 de enero, junto con el 25, el día grande en el que se celebra la Patrona, que desfila desde finales del siglo XVI con la Soldadesca por una promesa”, en referencia a la historia de la tradición.

“Son fechas de gran simbolismo en la que todos, hijos del pueblo, aunque vivan fuera, vienen a venerar a la Virgen de la Paz igual que gente de pueblos del entorno” comenta, deseando “que no se pierda aunque cueste mucho mantenerla”.

No hay prisa en Mazuecos para acabar y marcharse a comer. No hay prisa porque la promesa se mantiene y pasan los siglos. Mientras haya quien recuerda a aquel soldado que fue y volvió.

El eterno retorno, vestido de colores y tradición.

 
 
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