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Luxemburgo, un pequeño país con dos banderas y muchas (pero muchas) sensaciones
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Augusto González para La Crónic@ e Ideas para Viajar  -    Actualizado 5 julio 2018 22:42


Pessoa tenía razón: la realidad no existe, son las sensaciones las que nos dictan lo que creemos ver. Tanto es así que el poeta portugués, metido a filósofo, intentó crear su propia escuela: el Sensacionismo. No tuvo mucho éxito, pero eso no tiene por qué quitarle méritos. "El sentimiento abre las puertas de la prisión con que el pensamiento cierra el alma". Lo escribió hace un siglo, con Europa en guerra y la cultura enterrada en el barro de las trincheras. Pero ¿qué tiene todo esto que ver Luxemburgo? Bastante. O nada. Salgamos de dudas, entre sensaciones y sentimientos...

Luxemburgo es un hermoso país al que la gente no le da la gana de ir, podríamos decir, parafraseando al Cela de "Viaje a la Alcarria". Un país, hermoso y pequeño, a mitad de camino de todos los países, entre lo más agitado de la historia de Europa y con vistas al futuro.

Viene muy a cuento lo de citar al Nobel porque nuestro escritor alardeaba de haber pasado por la vida siendo sólo bilingüe en dos idiomas: español y castellano. Cuando desembarcas en el aeropuerto de Luxemburgo ya compruebas que la torre de Babel tuvo muchas consecuencias, incluso aunque ignores que te están saludando en el idioma más propio de aquí, que probablemente desconoces.

En efecto, si aguzas el oído oirás hablar sin solución de continuidad en luxemburgués, francés o alemán y también en inglés. Español, poco. Pero te harás entender. Raro será que alguien no te auxilie en buen castellano, pues no en vano el 19 por ciento de los luxemburgueses son de origen portugués.

Digámoslo ya sin esperar más: Luxemburgo es un país feliz. Más exactamente, el segundo más feliz de la Unión Europea, sólo por detrás de los irlandeses. Además, es el más rico del mundo por renta per capita, con el permiso de alguna monarquía petrolera del Golfo Pérsico. Por tener, hasta dos banderas tienen: la oficial, que les recuerda tanto a la de Holanda que les supone un esfuerzo muchas veces insuperable... y la de ese león rampante tan frecuente por todas partes, mucho más del gusto sentimental del patriota luxemburgués. Está el león en los aviones y en los balcones, pero también flanqueando la escalinata del Ayuntamiento de la capital.

¿Se puede hablar de Patria y de Luxemburgo en la misma frase, con la peculiar leyenda negra que arrastra como refugio de dinero opaco? Pues sí. Sin dudarlo un momento. Una patria bastante más amable y sosegada de lo que podría esperarse de un centro financiero en el que la gasolina es más barata que en España pero donde los alquileres están tan disparados en precio que lo habitual, por inevitable, es compartir piso si estás aquí por trabajo.

Basta dejarse caer por la Plaza de Armas, en la capital, para sorprenderse de que el personal no corra de un lado para otro, como sí hace tantas veces en cualquier capital española o en tantas y tantas ciudades europeas. Va siendo la hora de la comida pero el que está aquí, lo disfruta: cerveza reposada; lectura del periódico sin espasmos ni contorsiones, a pesar de que suelen ser de formato sábana; música de jazz en vivo desde el templete, a la sombra de los muchos árboles... y unos 30 ó 40 decibelios menos en las conversaciones sobre lo que es normal en Celtiberia. 

Si el viajero es de los que acostumbra pronto las orejas a los sonidos propios de allí por donde pasa, una de las experiencias más frikis le asaltará, a traición, en el ascensor del Meliá Luxemburgo, en el que atruena a cualquier hora flamenco y flamenco y flamenco y flamenco. ¡Todo sea por la Marca España! Y el caso es que las instalaciones son modélicas; el trato, afable; la comodidad, a toda prueba y el diseño del edificio todo un alarde en un barrio en el que es difícil poner el listón tan alto y destacar como lo hace, ubicado como está entre el Museo de Arte Moderno y la apabullante Filarmónica de Luxemburgo. Menos ostensible, pero también a la vista, está una escultura del artista español Fernando Sánchez Castillo, del que usted quizá no sepa mucho pero  que tiene una larga y conceptual trayectoria.

Un último apunte de justificado nacionalismo: el tranvía en el que se llega es de origen español, como española la empresa que se hizo con el concurso para su puesta en marcha. 

Y si no quiere pasar de la ciudad vieja a la nueva en taxi o tranvía, puede recurrir a un elevador gratuito de reciente construcción, que da servicio también a los usuarios del ferrocarril. Si tampoco eso le convence, pruebe con una bicicleta de alquiler, bien a la vista en una ciudad que se camina con comodidad y en la que no faltan las zonas peatonales.

¿Quién dijo que Luxemburgo daba para poco? Pues acabamos de empezar, aunque usted quizá ya tenga apetito. Por eso, para la próxima entrega dejamos nuestras sensaciones y sentimientos ante la comida luxemburguesa, que a buen seguro también le sorprenderá.

Como casi todo en este hermoso país al que la gente debería acostumbrarse a ir con más frecuencia y con menos tópicos en la maleta...
 

CLAVES PARA VISITAR LA CIUDAD DE LUXEMBURGO

Tanto si está sólo de paso, o si duda entre quedarse un día o dos, o incluso si ya tiene claro que la ciudad de Luxemburgo es su primera etapa para conocer este pequeño país, lo que sigue a continuación puede serle de utilidad:

Luxemburgo es la capital del único Gran Ducado del mundo. Fue fundada en el año 963, aprovechando el imponente promontorio sobre el que se construyeron las primeras construcciones hasta convertirlo en una fortaleza militar inexpugnable, aunque disputada por las potencias europeas durante siglos. En el siglo XVII, en los años de dominio español, se construyeron las "casamatas", que hoy son una de sus principales atracciones turísticas, una red de 23 kilómetros de galerías excavadas en la roca. Tanto la fortaleza como la Ciudad Vieja son Patrimonio mundial de la UNESCO desde 1994.

El Palacio Gran Ducal sorprende con una bella fachada al estilo del Renacimiento flamenco, del siglo XVI. (El interior se abre para las vistas durante el verano exclusivamente).

La catedral de Notre-Dame, combina partes del siglo XVI y de su última restauración, del siglo pasado.

Ciudad natal de Robert Schuman, uno de los padres de la actual Europa política, alardea hoy de contar con una población integrada por 170 nacionalidades diferentes. Es una de las tres capitales administrativas de la Unión Europea, junto con Bruselas y Estrasburgo. Alberga importantes organismo comunitarios: el Secretariado General del Parlamento Europeo, el Banco Europeo de Inversiones, la Corte de Justicia y el Tribunal de Cuentas Europeo.

La ciudad está salpicada de edficios de mucho interés: además del Palacio Gran Ducal, el Círculo de la Ciudad (en la Plaza de Armas), el Puente Adolphe, las Tres Torres, la abadía de Neimënster...

Hay varios museos de visita recomendable: el Musée d'Histoire de la Ville de Luxembourg, el Musée National d'Histoire et d'Art (atentos a los mosaicos romanos) más  el ya mencionado Casino Luxembourg - Forum d'Art Contemporain. El Musée d'Art moderne Grand-Duc Jean MUDAM, del arquitecto chinoamericano Ieoh Ming Pei (el de la pirámide del Louvre) se adapta al entorno del Fort Thüngen, en la parte más nueva e innovadora de la ciudad.

La Philharmonie, en la explanada de Kirchberg, impresiona por sus formas y los entendidos en arquitectura disfrutarán comprobando su estructura interna. Un alarde.

El valle de de la Pétrusse y los miradores que se asoman desde el camino de la Corniche son la mayor y más gozosa obligación para el turista o el viajero, con o sin cámara de fotos, andando con prisas o dejándose llevar. Para descubrirlo todo, quizá nada mejor que seguir el circuito"Wenzel" con el que recorrerás, según te prometen y cumplen, "1.000 años de historia en 100 minutos".

Además de a pie, puedes moverte fácilmente en transporte urbano. El sistema Hop on Hop off permite subir y bajar en cualquier parada. La tarjeta Luxembourg-Card es también recomendable.
 

smiley La forma más inteligente de informarse de todos los detalles y sugerencias antes de visitar Luxemburgo es acudir a la web de la Oficina de Turismo de Luxemburgo, completa y accesible en  www.visitluxembourg.com


Oficina de Turismo de la ciudad de Luxemburgo: Plaza Guillaume II. Email: touristinfo@lcto.lu  Web: www.lcto.lu

Aparcar en la ciudad: Hay 3.094 plazas en parkings del centro; el más grande, con un millar, es el de Glacis. En www.vdl.lu puedes consultar en tiempo real el número de plazas libres en cada uno de los ocho aparcamientos existentes.

Info-Box: 20-22 rue des Bains (Para información y venta de títulos de transporte) Email: autobus@vdl.lu


Agradecemos la colaboración prestada por la
Oficina de Turismo de Luxemburgo
para la realización de esta serie de reportajes



Nuestros reportajes sobre Luxemburgo


• Ya publicados:
Luxemburgo: un pequeño país con dos banderas
Comer, beber y vivir en Luxemburgo

• De próxima aparición:
- Vianden
- Echternacht
- Beaufort
- Naturaleza de Luxemburgo

 
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