Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
De Waterloo a Brihuega: viajando a tiro limpio por el túnel del tiempo
Compartir: Comparte esta noticia en Facebook  Comparte esta noticia en Twitter  Enviar a Meneamé

Augusto González (La Crónic@ / Ideas para Viajar)  -    Actualizado 10 junio 2018 20:10


Cuando estás harto de caminar entre los vivos, la única opción sensata que te queda es hacerlo entre los muertos. Para poder contarlo, la única condición es practicar ese peculiar deporte de la misontropía viajera cuando aún no hayas estirado la pata.

Sobre esas condiciones de partida, ya sólo te queda elegir tu destino o, más concretamente, la materia de tu investigación andariega.

Por ejemplo, cabe dedicarse a los cementerios, donde los muertos nos atienden con amabilidad y en orden, salvo en las fosas comunes.

Dando un paso más, podemos ceñirnos a repasar tan sólo las tumbas de los poetas y los pensadores, para lo cual ya tenemos escrita la guía de referencia, de la mano de Cees Nooteboom, al alcance de cualquiera en edición de bolsillo. 

Si el lector es amigo de los espacios abiertos tiene otra variante viajera más adaptada a sus gustos: los antiguos campos de batalla.

Zascandilear entre los fantasmas de los caídos en acto de servicio no nos asegura soledad; ni siquiera tranquilidad. Todo dependerá de la barbarie bélica que elijamos.

Verbigracia, si pretende agotar el centenario de la Primera Guerra Mundial, los campos de Flandes le recibirán con más turistas que amapolas.

Con bípedos coincidentes pero también con motivos para el desplazamiento, siempre nos quedará Waterloo. Allí, en mitad de la Bélgica que todavía es quintaesencia de Europa, podremos saludar a Carles Puigdemont o regalarle una butifarra, según lo que cada cual entienda que mejor corresponde. Incluso puede poner en el coche la cancioncilla de Abba que les valió ganar Eurovisión. Las tonterías a nuestro alcance son infinitas llegados hasta aquí, pero lo más provechoso si tiene alma de viajero o, simplemente, de humano con memoria, es que se acerque hasta el centro de información turística, pague lo que le piden (16 euros los adultos, 13 euros los niños) y se deje ir plácidamente por un museo de aún reciente construcción y que le transportará, al gusto actual, hasta el campo de batalla de hace dos siglos.

En este Memorial del siglo XXI no falta de nada, ni siquiera un documental en 4D que te mete directamente en la batalla. Recomendable tomarse un tiempo para leer la documentación, ver las escenas y los escenarios, repasar los uniformes y los más mínimos detalles de una batalla que forjó la Europa que conocemos.

El antiguo edificio, que también es visitable y que mantiene dentro una gran maqueta, es interesante por lo que evoca su arquitectura. La Colina del León, inevitable, te exigirá buenas piernas para llegar a su cima. Una vez allí, comprobarás y comprenderás mejor lo absurdo de la guerra, así como su eficacia para resolver hasta anteayer conflictos entre naciones. Napoleón aseguró a sus generales que esa noche estarían cenando en Bruselas. No fue así, por culpa de los errores de comunicación con su propio ejército, más allá de Waterloo; su plan quedó rotó por la imposible inteligencia con parte de sus fuerzas, que deberían haber detenido a las columnas prusianas, tanto o más decisivas que las de  Wellington para el resultado final.

Quien sí se puede tomar una buena cerveza es el viajero. Merecida, naturalmente.

Brihuega, encrucijada de guerras
Los españoles tenemos más a mano un buen número de campos de batalla que echarnos a la vista. Lo que no es tan habitual es localizar en apenas unos kilómetros de radio tantos puntos de interés militar, antaño para liarse a tiros y hogaño para intentar comprenderlo.

Brihuega está ahí, tan a mano como hermosa, a pesar de tanto afán por destruirla.

Esta villa alcarreña es el epicentro de una ruta que terminará por hacerse famosa porque motivos no le faltan. Acepte, pues, la sugerencia, y hágala antes de que se convierta en algo demasiado concurrido.

Como la provincia de Guadalajara en su conjunto, desde la Reconquista para acá, esta parte de la Alcarria ha gozado y sufrido de su condición de lugar estratégico para tener el paso franco hacia el centro peninsular.

Si nos acercamos un poco más en el tiempo y nos limitamos a los últimos tres siglos, comprobaremos que Brihuega fue decisiva para la consolidación en España de la dinastía borbónica. Los ejércitos europeos que apoyaban al archiduque Carlos iban buscando refugio en Cataluña, azuzados por las tropas borbónicas que mandaba el francés Vendome. El 9 de diciembre dieron alcance a la retaguardia, enteramente británica, que se reponía en Brihuega. Allí les sitiaron y se batieron ambas fuerzas, casa por casa. Mil muertos se dejaron los de Felipe V; alrededor de la mitad, sus oponentes.

La gran batalla sería al siguiente, en el alto de Villaviciosa, elegido por Vendome por ser lugar propicio para las cargas de caballería, en las que uno de sus jinetes era el propio Felipe V.

Hasta ya entrada la noche duró una batalla que había empezado con descargas artilleras a las tres de la tarde. Las tropas borbónicas dejaban 3.000 muertos sobre el campo, más 4.000 heridos; su rival, otros 3.000 muertos y más de 11.000 prisioneros entre los de aquel día y los que fueron cayendo en las jornadas siguientes, hostigados por los vencedores.

Empecinadamente guerreros
Saltemos de siglo en siglo. Fue Brihuega territorio pisado también por Juan Martín "El Empecinado", al que quien quiera acercarse debe hacerlo por la prosa de Benito Pérez Galdós, en sus "Episodios Nacionales". Con este célebre guerrillero pasaremos hasta Torija, cuyo castillo hizo estallar con explosivos y que, afortunadamente, no sólo ha podido recuperar su tantas veces centenaria silueta, sino que alberga en su interior interesantes sorpresas para el viajero.

La última batalla
Un siglo más y llegaremos a la Guerra Civil española, para lo cual Brihuega vuelve a ser un punto decisivo. Aún se pueden intuir por aquí las andanzas del "tío Ernesto", aquel corpulento americano apellidado Hemingway que tanto hizo por la épica literaria. Lo cierto es que quienes llegan a tomar Brihuega son las tropas italianas, que allí se mantuvieron diez días hasta el contraataque republicano.

Italianos contra italianos lucharon en el Palacio de Ibarra, del cual poco quedó en pie. Más allá, en el kilómetro 77 de la carretera de Francia, se llegó al máximo avance de las tropas llamadas nacionales. Para una mejor comprensión, hay que acercarse a Trijueque y extasiarse con la vista desde el "Mirador de la Alcarria". Por allí anduvieron parte de las tropas enfrentadas. Lo que hoy queda es mucho más hermoso y más aleccionador: un paisaje a prueba de bombas y de locuras.

Una ruta que se va a consolidar
Medio centenar de personas entre profesionales de la información, guías turísticos y estudiantes de Turismo han participado este mes de junio en la visita guiada por 'Guadalajara y sus campos de batalla' organizada por la Diputación y el Ayuntamiento de Guadalajara en colaboración con el Instituto de Historia y Cultura Militar y la Subdelegación de Defensa.

Se trataba de una iniciativa con el objetivo de dar a conocer esta ruta recogida en una guía que fue presentada al público días antes.

En esta visita participaron el presidente de la Diputación de Guadalajara, José Manuel Latre; la concejal de Turismo del Ayuntamiento capitalino, Isabel Nogueroles; y José Romero, Coronel de Infantería y Diplomado del Estado Mayor y uno de los redactores de la guía, entre otros representantes.

Se trata de una guía turístico-cultural que, como ya hemos explicado, propone rutas basadas en la historia de Guadalajara y sus tierras que han sido testigo y escenario de episodios militares que han definido la historia de España.

La visita partió del Palacio del Infantado, en Guadalajara, y discurrió por Torija, el Mirador de la Alcarria en Trijueque, el Palacio de Ibarra, el Mirador de Brihuega y el Monumento Villaviciosa.
¿Te ha gustado este artículo? Coméntaselo a tus amigos y conocidos:
Valore de 1 a 5:   Valorado (5/5) Valorado (5/5) Valorado (5/5) Valorado (5/5) Valorado (5/5)

Este viaje te ayuda a curarte de tu…

Actualidad Viajera